¿Quién era Teucro? La leyenda de Pontevedra

Pocas ciudades pueden presumir de tener origen en una leyenda, y muchas menos de contar con su propia historia de mitología griega. La ciudad del Lérez, Helenes, es una de las que escribe sus páginas con letras de héroe. PonteArte te ofrece un viaje a través del tiempo, para descubrir quién era Teucro y sumergirte en una de las narraciones más fascinantes sobre Pontevedra.

El arquero valiente

Para destapar el glorioso pasado de Pontevedra es necesario viajar hasta la Antigua Grecia y, en concreto, remontarse a dos de las composiciones poéticas más influyentes de la literatura universal: la Ilíada y la Odisea. Homero dio en sus poemas épicos vida al héroe Teucro, hijo ilegítimo del Rey de Salamina, Telamón, y hermanastro de Áyax el Grande. Se dijo de él que el mismísimo Apolo le regaló un arco, y que era tal su presteza y dominio de las flechas, que, pronto, el pueblo Aqueo pasó a considerarle como el mejor de todos sus arqueros. 

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Los dos hermanastros lucharon en la Guerra de Troya y Teucro fue uno de los soldados que logró entrar en la ciudad, a través del magnífico caballo de madera. Sin embargo, la misión del arquero iba más allá del objetivo bélico. Su padre, preocupado por el carácter rebelde e impulsivo de Áyax, y temiendo por la vida de éste, pidió a Teucro que lo cuidara y vigilará permanentemente.

Tras la muerte de Aquiles, al recibir el impacto en su talón izquierdo de una flecha envenenada, Áyax y Ulises se enzarzaron en una pelea por poseer su armadura.  La competición arrojó la suerte a favor de Ulises, lo que derivó en una reacción encolerizada por parte del hermanastro de Teucro, que juró matar a todos sus compañeros. Intervino, entonces, la diosa Atenea e infundió en Áyax un ataque de locura: el guerrero comenzó a matar cabezas de ganado, confundido y presa de un delirio que le hacía creer que sus víctimas eran, en realidad, soldados griegos.

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Cuando el héroe logró recuperar la cordura, no pudo soportar la vergüenza de ver su espada manchada con sangre de animal doméstico; y, para preservar su honor y virilidad, Áyax decidió quitarse la vida

Teucro regresó a Salamina y contó lo sucedido a su padre, quien le reprochó el no haber evitado la disputa que condujo a la muerte de su hermano, condenándolo al más cruel destierro. Acompañado de alguno de sus fieles, Teucro inició entonces un periplo en la búsqueda de una nueva patria. Fundó en la isla de Chipre una ciudad que, en honor a su tierra, bautizó con el nombre de Salamina. Se casó con la princesa Eune, hija del rey Cipro, naciendo una dinastía que reinaría durante varios siglos.

En el año 1.184 a.C. navegó hasta las costas ibéricas y erigió la ciudad de Cartagena, punto en el que se enteró de la muerte de su padre e intentó retornar a la patria pérdida. Pero fue en vano. El nuevo soberano, Euriasces, hijo de Áyax, lo rechazó sin miramientos. 

Tambo: el palacio de Poseidón

De nuevo solo, Teucro encaminó su rumbo hacía las aguas de occidente. Es aquí cuando nace uno de los episodios mitológicos menos conocidos y más bonitos de la Ría de Pontevedra. Lo recupera José Antonio López Rodríguez para PontevedraViva, y es la historia de una misteriosa isla, desde siempre alejada del turismo, cuya silueta se vislumbra en el lugar que es, a al par, ocaso del río Lérez y nacimiento del mar. Entre las costas de Poio y Marín, Tambo emerge como una tortuga perezosa, así la llamó Luis de Góngora en sus “Soledades”, y de cuyo nombre, y el de su pequeño apéndice Tenlo, se dice que son corrupción de “Talabo y Telamón, que en recuerdo de su padre les puso Teucro”. 

“Después de ordenar el Caos, los Dioses descendieron del Olimpo y absortos contemplaron su creación. Poseidón, señor del Océano, guiado por un delfín y subido en su carro de coral tirado por 1000 caballitos de mar, abandonó el Peloponeso y llegó a la Ría de Pontevedra.

Allí, inmovilizó a una Gran Tortuga e instaló su palacio. Desde entonces, Poseidón vive bajo el vientre de la Gran Tortuga de Tambo, en su trono de nácar.

En su viaje, el Dios del Océano habría dejado una estela luminosa que siglos después guiaría al arquero Teucro”.

El héroe aceptó Pontevedra como su última morada, poniéndole de nombre Helenes, y aún hoy puede leerse en la fachada de la Casa Consistorial la siguiente inscripción:

Fvundote Teucro Valiente/ De Aqveste Río en la Orilla/ Para que en España Fveses/ De Villas la Maravilla/ Del Zebedeo la España/ Corona tu Gentileza/ Vn Castillo Pvente y Mar/ Es Timbre de Tv Nobleza

¿Cómo se forjó la leyenda?

El mito de Teucro comenzó a hacerse realmente popular en la Baja Edad Media, concretamente, entre los círculos humanistas del renacimiento. Las élites intelectuales empezaron a construir teorías fundacionales, que tenían como objeto ennoblecer el origen de la ciudad, basándose en las increíbles historias de una serie de personajes legendarios.

El estudioso sevillano Juan de Guzmán, profesor de Retórica y traductor de textos de Virgilio, analizó los textos de escritores greco-latinos, que situaban a algunos personajes de la Guerra de Troya en territorio gallego. En concreto, el geógrafo Estrabón, a comienzos del siglo primero, dice en su obra ‘Geografía’ que entre los galaicos, habitaban algunos de los compañeros de Teucro y que existía una ciudad llamada Helenes.

«Asclepíades de Mirlea, un hombre que enseñó letras en Tuedwtania y publicó una «Descripción» de sus pueblos, dice que entre los galaicos vivieron algunos de los que habían hecho la campaña con Teucro, y que hay allí ciudades, una llamada Helenes y otra Anfílocos…»

Geografía 3.4.3.

Tiempo más tarde, Plinio el Viejo también justificaría en su “Historia Natural” la descendencia griega de las gentes que habitaban Helenes. Así, a mediados del siglo XVI fueron muchas las personalidades que asociaron diferentes figuras míticas con la formación de poblaciones, hasta que, en el último tercio del siglo XVII, Fray Felipe de la Gándara y Ulloa ofreció una lista completa y definitiva: Ourense habría sido fundada por Amfíloco, Tui por Diomedes, Padrón por Orestes y Pontevedra por Teucro.

Si bien, la historiografía romántica del siglo XIX se encargará de rechazar estas interpretaciones. El sentido identitario gallego comenzaría a orientarse al celtismo, como pauta de singularidad y diferenciación, principios perdurables en la actualidad. Manuel Murguía se alzaría como promotor del Rexionalismo gallego, exponiendo las raíces de cada población y, en el caso pontevedrés, alegaba que esa hipotética leyenda sobre su origen se debía a un error interpretativo”. En su obra ‘Galicia’ argumenta:

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«Semejante tradición no tiene, sin embargo, mayor apoyo que el que le prestan los antiguos geógrafos y que tomando a los “celenos” por “helenos” hicieron de una tribu céltica un pueblo griego”.

Por otro lado, en Pontevedra se alternaban voces partidarias de la mitificación griega, así como otras escépticas, según la época. El famoso religioso y escritor Frei Martín Sarmiento manifestaría ciertas dudas al principio para luego no cuestionar el tema y, más tarde, acabar aceptándolo. Destaca, también, el trabajo ‘Historia de Pontevedra, o sea de la antigua Helenes, fundada por Teucro’, de Claudio González Zúñiga (1784-1857), médico, historiador y alcalde de la Boa Vila, que establece la fundación de Helenes por Teucro con una rigurosidad implacable: en el año 1.215 a. C.

Hay una frase, de José Antonio López Rodríguez, que a mí me gusta mucho: “toda historia antigua tiene algo de mito y todo mito tiene algo de verdad”. Y es que, todavía no hay pruebas contundentes que permitan confirmar el origen griego de la ciudad del Lérez y, aunque las hipótesis siempre generen dudas, no puede obviarse que esconden trazas de verdad.

Sí hubo contactos entre los pueblos del Atlántico y los del Mediterráneo occidental, por lo que las teorías fundacionales, orientadas al enaltecimiento de la propia patria, tienen base real. Las singladuras por mar de comerciantes galaicos y mediterráneos ya se producían en el II Milenio a.C., es cuestión de fe, entender que, entre estos, estuviese Teucro.


Pero la la leyenda de Teucro es real, o al menos lo es para la arquitectura urbana. Los edificios más importantes de Pontevedra, como la Basílica de Santa María o el Santuario de A Peregrina, guardan en sus paredes rincones para la memoria del arquero griego. Y es que las miradas del héroe se vuelven indelebles en los altos muros, desde donde sigue protegiendo a su vieja Helenes.