¿Qué ver en Pontevedra? Seis pazos imprescindibles que visitar

El arte barroco en todo su esplendor, con sus ornamentaciones opulentas, columnas torcidas y suntuosos palacios, convierte las calles del centro histórico pontevedrés en una suerte de museo al aire libre. Los pazos urbanos son elementos imprescindibles que ver en Pontevedra. Historias de nobles y corsarios se ocultan tras sus muros, esperando a intrépidos viajeros dispuestos a descubrirlas. Y es que en Pontevedra las piedras tienen luz y, a cada paso, iluminan los corazones. 

Los pazos urbanos más bellos que ver en Pontevedra

Decía Marcel Proust que el verdadero viaje de descubrimiento consiste en no buscar nuevos paisajes, sino en mirar con nuevos ojos. Debía tener razón el célebre novelista francés, cuando muchas personas han optado este año por hacer turismo dentro de la propia ciudad, lanzándose a descubrir interesantes rincones próximos a sus domicilios. 

El centro histórico de Pontevedra guarda una riqueza arquitectónica muy singular, pero que, muchas veces, pasa desapercibida ante la mirada de lo cotidiano. Después de nuestro paseo por la iconografía mística, hoy es el turno de una ruta por los edificios más nobiliarios. El arte barroco encontró en la ciudad del Lérez uno de sus máximos exponentes durante el siglo XVIII, coincidiendo con un momento de gran auge constructivo de pazos urbanos, y haciendo innegable el carácter señorial de la ciudad. A continuación, os dejo una lista de los seis pazos imprescindibles que ver en Pontevedra.

1. Pazo de los Gago y Montenegro

Pazo de Gago y Montenegro en la Plaza del Teucro de Pontevedra
Pazo de Gago y Montenegro

Un paseo por la Pontevedra más señorial debe tener como punto de inicio la emblemática Plaza del Teucro. Urbanizada en el siglo XVIII, y rodeada de palacios y casas solariegas, es un claro reflejo del esplendor que la ciudad vivió en otras épocas, símbolo, además, del poder de nobles y familias acomodadas. Se pueden contemplar en el citado enclave los pazos de San Román, del Marqués de Aranda, y el Pazo de los Gago y Montenegro, considerado una auténtica joya del barroco gallego. 

escudo del pazo Gago-Montenegro en Pontevedra

Este último palacio tiene su fachada ornamentada con el escudo más grande de entre todos los de la ciudad, fechado en 1716. Exhibe grabados de unas llaves y un puente, ya que los antiguos propietarios del inmueble fueron los encargados de custodiar la puerta de la muralla, que se abría al Puente de O Burgo sobre el río Lérez. 

2. Pazo de los marqueses de Aranda

Muy cerca de allí, en la que era antiguamente conocida como Rúa do Rego, ahora Rúa Real, se levanta el Pazo de los marqueses de Aranda. La parte posterior del edificio se puede contemplar desde la calle a la que da nombre (Marqués de Aranda) y su torre almenada da a la plazuela donde se encuentra la Fuente de los Tornos.

El Marquesado de Aranda fue un título otorgado por el Rey Felipe V en 1710 a Francisco Casimiro Manuel de Aranda Quintanilla y Mendoza (1649-1724) que, según la Real Academia de la Historia, era Doctor en Cánones por la Universidad de Alcalá de Henares. Del Pazo se sabe que fue mandado construir por su hija, la II Marquesa de Aranda, María Teresa de Aranda Quintanilla y Mendoza, y fue tanta la importancia comercial que la familia tuvo en la ciudad que hasta la Plaza del Teucro recibió el nombre de Plaza del cantón de Aranda.

Pazo de los marqueses de Aranda en Pontevedra

Los matrimonios de conveniencia suman a los apellidos de estos ilustres pontevedreses los de El Señorío de la Casa de Rubiáns (Pazo de Rubianes en Vilagarcía de Arousa). Además, el pasado de los marqueses de Aranda aparece muy vinculado con la educación; pues el noble palacio fue sede de una escuela privada, de nombre “Colegio Estudio”. La institución de enseñanza fue fundada por la maestra de Allariz María Teresa Cid Rumbao (1914-2009), madre del escritor y político gallego Alfredo Conde Cid. 

3. Palacio de los Condes de San Román

Otras de las grandes construcciones del barroco qué ver en Pontevedra es el palacio de los Condes de San Román. Este lujoso pazo se situaba en la Plaza Platería Nova, más tarde denominada de San Román y actualmente de Curros Enríquez.

Patio del pazo de San Román en un dibujo de Federico Alcoverro

Su fachada principal, la más ostentosa, desapareció completamente, pero se caracterizaba por no encajar del todo en el barroco gallego; pues solían ser edificios sin esculturas y este pazo las poseía, además de un curioso patio interior que todavía se conserva (terraza del antiguo local de hostelería 100 Montaditos).

Dos de sus esculturas pétreas, que representan la Esperanza y la Fortaleza, se conservan en lo alto del tejado del edificio García Flores, del Museo de Pontevedra. Este palacio fue sede del Liceo Casino desde 1858 hasta la inauguración de su propio edificio (su sede actual) el 2 de agosto de 1878.

Su propietario fue Joaquín Miranda, conde de San Román y militar de élite que nació en el palacete familiar en 1756.

4. Pazo de García Flores

el pazo de García Flores pertenece al Museo de Pontevedra

En la Rúa Sarmiento se encuentra el pazo de García Flores, levantado a finales del siglo XVIII por Antonio García Estévez Fariña y su esposa Tomasa Suárez Flores, aprovechando y respetando otro pazo anterior.

Cuenta con un pórtico de soportales y un gran escudo yelmado, que era dorado y policromado, además de dos gárgolas en las esquinas del tejado.

Fue sede de la Escuela Normal de Maestras desde 1881 hasta 1930, dirigida por Ernestina Otero. Para su adaptación al Museo se construyó el puente que une el edificio con el de Castro Monteagudo. 

5. Pazo de Mugartegui

No puede faltar con ejemplo de arquitectura urbana y barroca que ver en Pontevedra el Pazo de Mugartegui, en la Plaza de la Pedreira. Fue construido para José Manuel Valladares y Figueroa, conde de Fefiñáns, sobre las ruinas de una casa del siglo XVII heredada de sus padres.

La construcción, a cargo de Pedro Antonio Ferreiro, está coronada por un reloj de sol y blasones de estilo rococó, con un sol de piedra, cuyos rayos emanan de un rostro con mejillas sonrientes. Actualmente, acoge la sede del Consejo de Reglamentación de la Denominación de Origen Rías Baixas.

6. Pazo de los Gago de Mendoza

Queda un último lugar que ver en Pontevedra, y es el de la historia más singular. El pazo natal de la familia Gago de Mendoza se encuentra en la Plaza de San José, donde también había una capilla que fue derribada para la construcción del edifico que hoy ocupa la sede de Afundación. Del pazo se conserva solo la parte izquierda de la fachada, en la que destacan sus almenas.

Fue propiedad de los hermanos Manuel, Antonio y Juan Gago de Mendoza, este último conocido como el corsario de Pontevedra. La Patente de Corso era un documento entregado por los monarcas, o alcaldes de las ciudades, que daba autoridad a su propietario para atacar barcos de naciones enemigas. Y a Juan no hubo enfrentamiento que se le resistiera, convirtiéndose en la peor pesadilla de las naves británicas.

Siempre protegió, a bordo de la goleta Peregrina Brillante, la ría pontevedresa del ataque de los ingleses. En el verano de 1800, concretamente el 22 de agosto y desde la playa de Aguete, detuvo a las tropas británicas que trataban de saquear la fragata «Alcudia», con un gran cargamento de plata que se dirigía a Pontevedra. Su valía le valió el grado de capitán, así como una medalla de plata en reconocimiento al mérito. Pero eso no fue todo. Porque ser valiente es aceptar cualquier batalla, justa y honesta, aunque no estés seguro de poder ganarla.

Gago de Mendoza volvería a luchar y a liberar Marín de las tropas napoleónicas, comandando las partidas vecinales (alarmas do Morrazo) en 1809.  Construyó en 1801 un pazo en Aguete, el Pazo de Chirleu, en donde hoy una placa recuerda su figura

Alberto Fortes publicó en el año 2005 una biografía de este  lobo de mar, ‘O corsario: vida e tempos de Juan Gago de Mendoza’, donde podréis conocer en profundidad más pasajes de su épica vida. Lo cierto es que murió solo y en la miseria. No hizo testamento, “no tenía de qué”. Varios conflictos y litigios familiares lo llevaron a esta situación. Falleció a los 62 años.  

Es reseñable que el parque de Castrelos y el Pazo Quiñones de León, de 1678, pertenecieron a los Gago de Mendoza y fueron donados al Concello de Vigo en 1918 por su descendiente, el Marqués de Alcedo.