¿Por qué Pontevedra es Boa Vila?

Pontevedra es hoy conocida como ‘Boa Vila’ gracias al apodo de un cronista francés. Ocurrió hace ya seis siglos, y en medio de una guerra 

La inspiración ha estado siempre relacionada con la contemplación de paisajes bucólicos. Ante una crisis creativa, la búsqueda de la tranquilidad, el sonido del mar y la compañía de la naturaleza son las primeras ideas que evocan nuestras mentes. Por ello, muchos artistas, escritores, y músicos acostumbran a recluirse en lo que denominan “retiros espirituales”.

Son remedios inmediatos e infalibles a los que ninguna musa podría resistirse. Sin embargo, estas hadas con el don de la inventiva también gustan de la vida cosmopolita. No en vano, son muchas las citas célebres que la ciudad de Pontevedra ha inspirado a lo largo de los siglos.

El polifacético escritor Álvaro Cunqueiro habló una vez de un viajero inglés, de nombre John Milford. Fue a mediados del siglo XIX, cuando el británico periodista especializado en viajes, visitó la Boa Vila. No quiso dejar pasar desapercibido el encanto antes sus ojos. Milford usó el poder de influencia que le concedía la pluma y el papel de los periódicos para definir a Pontevedra como una “amena ciudad situada en una colina». Cita que, más tarde, el escritor de Mondoñedo, encargado de difundir esta historia, no dudó en refrendar: “está hecha para el hombre y el sosiego”. 

Pontevedra: la ciudad de la belleza que desarma 

“Ciudad Museo” decidió en llamarla el botánico gallego Santiago Castroviejo, afirmando no saber cuando se salía del Museo y se entraba en la ciudad. Incluso se refirió a ella como “vila espiritual”. Pero las palabras más impresionantes jamás dedicadas a Pontevedra fueron, sin duda, las pronunciadas por un duque francés. Derrotado, tras la Guerra de la Independencia que se libró en las calles de la Boa Vila, incendió un barrio a la par que exclamaba: “¡Tú belleza me desarma!

La ciudad de la belleza que desarma, amena, sosegada, equiparable a un museo es, también, Boa Vila. Es este el apelativo más popular para designar Pontevedra. Tanto es así que no merece menos que una representación. Se trata de unas letras en forma de bolardos gigantes, en pleno centro histórico. Las palabras “Boa” y “Vila” pueden leerse en la Plaza de A Ferrería y en Curros Enríquez, para siempre recordar la hospitalidad de sus vecinos.

En esta última plaza, el cancionero se completa (“dá de beber a que pasa”) cuando el caminante da un rodeo a la fuente central. Ahora bien: ¿realmente se conoce el origen de este apodo?, ¿por qué Pontevedra es Boa Vila?

Pontevedra es Boa Vila

duque de Lancaster

El cronista francés Jean de Froissart fue el primero en definir a Pontevedra como Boa Vila. Ocurrió en el siglo XIV, cuando acompañaba en sus viajes, con motivo de la Guerra de los Cien Años, al británico Juan de Gante, nombrado Duque de Lancaster en 1361. Esta contienda, que enfrentó a Francia e Inglaterra, encumbró a héroes militares por sus hazañas en el campo de batalla, una reputación que el duque también trataría de forjarse.

Lo hizo tras la muerte de su primera esposa, al contraer matrimonio con Constanza de Castilla, hija de Pedro I. Gracias a este enlace fueron reconocidos por el rey Eduardo III de Inglaterra como reyes de Castilla. Y Juan de Gante aprovechó un momento de debilidad en el reinado del que, en aquel momento, era el legítimo soberano Juan I, (había sido derrotado en la batalla de Aljubarrota, 1385), para reclamar sus aspiraciones al trono castellano.

En estos tiempos, concretamente, el 9 de mayo de 1386, Portugal e Inglaterra establecieron una alianza por el tratado de Windsor. Juan de Gante lo aprovecharía para desembarcar con su esposa y la hija de ambos, Catalina de Lancáster, en A Coruña. Avanzaron hacia el sur de Galicia estableciendo su Corte en Ourense y, cuando iban camino de Pontevedra, narra Jean de Froissart en sus crónicas, los ingleses recibieron a varios emisarios con la misión de anunciar la redición de la ciudad del Lérez al Duque, prometiendo acatar todos sus órdenes si no saqueaba ni atacaba la villa. 

Así fue como Pontevedra logró salvarse de la invasión y, cuando las tropas atravesaron pacíficamente la ciudad, Froissart quedó tan asombrado por su “magnífico emplazamiento» y su «esplendor económico», que decidió para siempre recordarla como la bonne ville (buena villa).

Pero la canción sigue su letra…

Da de beber a quien pasa

«Pontevedra é boa vila, da de beber a quen pasa. A fonte da Ferraría , San Bartolomé na praza«

Al cariñoso apodo de Jean de Froissat se le añadió, tiempo después, un detalle de rima referido a las fuentes emblemáticas de la ciudad. Y es que, desde siempre, Pontevedra ha sido una de las paradas del Camino Portugués a Santiago que más fuentes dispuso para sus peregrinos.  En concreto, el surtidor que inspiró la canción no es otro que el que se haya, actualmente, en los Jardines de Casto Sampedro, frente a la antigua sede de Hacienda. Eso sí, no siempre ocupó dicho lugar.

Originalmente, la monumental fuente renacentista se instaló frente a los soportales del sur de A Ferrería; es decir, justo frente a la puerta de Trabancas, que abría la muralla a los viajeros. Fue financiada por Carlos V en el año 1537 y construida en 1554. Estudiosos, como Ambrosio de Morales, la comparan “en grandeza de fábrica y dorados” con las fuentes de Córdoba, y, según el historiador, Xosé Fortes Bouzán, el diseño de los chafarizes sería obra de Joao López: «arquitecto portugués a quien el profesor Filgueira Valverde identificó como el autor de las fuentes de Caminha y Viana, tomadas como modelo«. 

fuente de A Ferrería en Pontevedra
Ubicación original de la fuente de A Ferrería. Dibujo de Federico Alcoverro, conservado en el Museo de Pontevedra.

Además, Filgueira detalló en uno de sus trabajos, publicados en el Seminario de Estudos Galegos (1933), que el Concello de Pontevedra acordó levantar un surtidor que debía ser «de la manera, tamaño, altor y con las perfecciones y hechura que tiene el chafariz principal que está en la plaça de la villa de Caminha, sin faltar de ello ninguna cosa y lo haga en la parte y lugar que fuese señalado por los señores justicias y regidores»

la fuente de Caminha es muy similar a la de la Ferrería de Pontevedra
La fuente de Viana do Castelo es muy similar a la que hoy se halla en los Jardines de Casto Sampedro

Los portugueses siempre mostraron una gran maestría en la arquitectura de la piedra y el agua y, como no podía ser de otra manera, la fuente más emblemática de Pontevedra presume de trazas del estilo manuelino, máximo exponente de la esbeltez. 

Como se refirió anteriormente, el diseño pertenece a Joao López, mientras que la construcción se adjudicó en subasta pública a Domingo Fernández. Este último había realizado las obras de la traída de aguas a Pontevedra y en aquel momento (siglo XVI) trabajaba en las bóvedas de crucería de Santa María. Pero su muerte inesperada le impidió finalizar la construcción, que caería en manos de otros oficiales. Tiempo después, el surtidor fue desmantelado por orden del gobernador civil Quiñones de León y se colocó otro más modesta en el atrio de la Peregrina. 

fuente de la ferrería en las- ruinas de Santo Domingo de Pontevedra

A principios del siglo XX, concretamente en 1928, la imponente fuente, muchas de cuyas piezas se conservaban en las ruinas de Santo Domingo (en la imagen), volvió a la Ferrería. Se instaló por iniciativa del regidor local Remigio Heiva en el centro de los Jardines de Casto Sampedro. En su recuperación intervienen grandes figuras y artistas de la época, entre ellas, Castelao, que realizó varios bocetos.


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