Lorca en Pontevedra: tras los pasos del poeta

Es innegable. El poeta más importante del siglo XX mantenía un vínculo irrompible con Galicia. Fue en 1916 cuando Lorca pisó por primera vez esta tierra y se volvió cautivo de su belleza. Embriagado con el olor del mar, se enamoró. No de alguien, ni de algo, sino de una sonoridad, de las palabras únicas e incomparables que conforman la lengua gallega. Galicia conquistó el corazón del pianista. Tanto fue así, que se dice, que aquí el músico se convirtió en poeta. 

Lorca en Pontevedra 

Existen diferentes formas de conocer Pontevedra, pero; quizá, una de las más hermosas sea la de ir tras los pasos de aquellas personas ilustres que una vez la habitaron. En la cima de los nombres literarios que tomaron camino hacia la Boa Vila se encuentra el del poeta y dramaturgo granadino Federico García Lorca. Cuatro viajes a Galicia hay documentados del célebre escritor, dos de ellos a Pontevedra, en 1932. PonteArte propone una ruta para descubrir los lugares que Lorca visitó, para poder ver y sentir Pontevedra con sus ojos. Las calles cobijan historias y secretos fabulosos y, este, es uno de ellos. 

1. Edificio Castelao del Museo de Pontevedra

El primer viaje de Lorca a Galicia se produjo el 25 de octubre de 1916, cuando todavía era estudiante. Llegó en tren a la estación de Redondela y fue allí donde escuchó, por primera vez, el gallego. Los operarios y trabajadores del ferrocarril amenizaban con alalás la jornada laboral y un poema de Rosalía de Castro, “Campanas de Bastabales”, llegaría hasta los oídos del entonces músico, para no abandonarlos jamás.

Se forjó el vínculo. Rosalía se convertiría en una figura de vital importancia para Lorca, que dirá que quiere ser poeta gallego y, tras este viaje, comenzará a escribir. Pero no solo la lengua impactó al joven estudiante, de la Plaza de la Quintana de Santiago dirá que es “un lugar para vivir toda la vida” y de A Coruña que es “la ciudad del mar color esmeralda”. Por todo esto, tiempo después, en 1932, y al frente de las giras teatrales de la Barraca por España, decidió retornar a Galicia y, esta vez, pasar por Pontevedra. 

obra de Jose Otero Abeledo Laxeiro en el Museo de Pontevedra

La primera parada de Federico nada más llegar a la ciudad del Lérez, el 28 de agosto de 1932, fue el Museo de Pontevedra. Allí descubrió el talento de José Otero Abeledo, conocido como Laxeiro, cuando éste daba sus primeros pasos. Habló maravillas de sus cuadros y, poco después, la Diputación de Pontevedra concedería al artista lalinense una beca para seguir estudios de pintura en Madrid. Hoy pueden contemplarse en el edificio Castelao algunas de las obras más representativas del arte de Laxeiro, un pintor en el que Lorca supo ver poder e identidad, y que más tarde se convertiría en un genio singular, en una de las figuras más destacadas y representativas del arte gallego. 

retrato de Manuel de Falla por Manuel Quiroga en el Museo de Pontevedra

Muchos otros elementos del universo lorquiano pueden hoy contemplarse en la institución museística. En el segundo piso del edificio Castelo, entre las caricaturas realizadas por el violinista pontevedrés Manuel Quiroga destaca la de Manuel de Falla, uno de los compositores españoles más relevantes de la primera mitad del siglo XX y uno de los grandes innovadores de la música europea de comienzos de siglo. Fue maestro, pero sobre todo amigo, de Federico García Lorca. Hoy su retrato une todavía más la historia de Pontevedra con la del poeta y músico.

Dalí, Maruja Mallo y Alberti: amor y amistad por Lorca

Salvador Dalí fue otra figura importante y destacada en la vida de Lorca. Ambos mantuvieron una relación de amistad y amor: de pasión más carnal por parte del poeta, y de romanticismo platónico por parte del pintor surrealista. Pontevedra posee reseñas del arte de Dalí, en concreto, una serie de azulejos diseñados por él, y la litografía titulada ‘Vía Láctea’, que se puede contemplar en el edificio Sarmiento.

Además, la pintora gallega Maruja Mallo, amiga de los dos artistas, retrató la relación que se forjó entre ellos. En sus cuadros, las fiestas populares, las verbenas con sus carruseles y personajes disfrazados, eran los temas más recurrentes, y, por ello, representó a Lorca y Dalí en una noche de fiesta por Madrid. El Museo expone tres obras de la pintora viveirense, entre ellas,  la más destacada es «Cabeza de mujer negra» (1946).

Por último, en la misma vitrina, y justo al lado de los azulejos de Dalí, pueden observarse un conjunto de postales del poeta Rafael Alberti. Fueron muchas las dudas y controversias que se levantaron sobre la sincera, o no tan sincera, amistad que unió a Lorca con Alberti, ambos escritores de la Generación del 27. Sea como fuere, primó el respeto y la cordialidad entre ambos, pues siempre les unió un amor profundo y honesto a la literatura.

Desde el 2010, y gracias al legado de Sánchez Mesas-Fernández de Tejada, pueden contemplarse en el Edificio Sarmiento obras de Benjamín Palencia, diseñador del logotipo de la Barraca. El grupo universitario de teatro, dirigido por el poeta granadino y el director teatral y cinematográfico Eduardo Ugarte, lucía en todos sus carteles una rueda, como sinónimo de itinerancia, y una máscara, metáfora del teatro.

El cartel original de La Barraca

Pero entre los tesoros que custodian las paredes del Museo, el más importante es, sin duda, un cartel original de La Barraca, concretamente, de su actuación en Pontevedra en agosto de 1932. Muy pocos llegaron a conservarse y ahí reside su auténtico valor.

Una historia de casualidades y suerte llevó a descubrirlo, totalmente abandonado, encima de un armario en casa del historiador y cofundador del Museo de Pontevedra, Xosé Filgueira Valverde. Se desconocen los motivos que llevaron a ocultarlo en ese lugar, pero se entienden los miedos que propiciaron su escondite. Con el golpe de Estado del 18 de julio de 1936, ese cartel, como tantos otros símbolos de libertad, se convirtió en un objeto prohibido. Tal vez Filgueira Valverde solo buscaba proteger así su recuerdo, para que no corriera la suerte de tantos otros, que terminaron destruíos.

Lorca y Eduardo Ugarte
Federico García Lorca y Eduardo Ugarte, vestidos con el mono de la Barraca
retrato de Xosé Filgueira Valverde en el Museo de Pontevedra
Retrato fotográfico de Xosé Filgueira Valverde. Museo de Pontevedra

2. Praza da Estrela 

Justo al lado de la popular Praza da Ferrería se encuentra la Plaza da Estrela, escenario en el que se aglutinarían los pontevedreses para disfrutar de una noche de teatro gratuito. La Barraca, un teatro itinerante del pueblo y para el pueblo, lucharía  para hacer llegar la cultura a todos los rincones de España. En su gira por Galicia recorrieron las localidades de Vigo, A Coruña, Vilagarcía de Arousa, Baiona, Ribadeo y Santiago de Compostela, donde, con la representación de ‘La vida es sueño’, reunieron a más de seis mil personas. No eran actores profesionales, sino estudiantes, pero poseían la pasión desbordada que hace palpitar las emociones. Según Filgueira Valverde, en Pontevedra fueron representados dos de los entremeses de Miguel de Cervantes, en una noche que sería para siempre recordada por el público pontevedrés.

“La Barraca deu La guarda cuidadosa y La cueva de Salamanca o día 28 de agosto de aquel ano, ao ar na Praza da Ferrería pontevedresa, tendo por fondo o Parador, hoxe sustituído, e a casa das caras, habitada polos Barbeiro”

Xosé Filgueira Valverde
cartel La Barraca
Cartel de la Barraca diseñado por Benjamín Palencia. Biblioteca Digital la menoría de Madrid

3. Cruce Rúa Andrés Muruais con García Camba 

«Pronto será huésped de Pontevedra García Lorca, el gitano de los romances. Y para ‘Cristal’ será un huésped de honor, todo él espíritu e ingenuidad que nos estimulará en nuestra labor con aguijonazos de su lirismo captador (…) Y alimenta nuestros espíritus. Y aviva y zahiere nuestras imaginaciones. Y anima y solaza nuestros pechos. Y nos da optimismo, y emoción, y luz estelar… Todo ello con el desinterés del que no espera la menor recompensa».

(Revista Cristal nº 5. Noviembre de 1932)

Después de la visita con la Barraca, Lorca volverá a pasear por Pontevedra los días 19 y 20 de noviembre de 1932. Y lo hará invitado por el Comité de Cooperación Intelectual de Pontevedra, un convite que el poeta no osó en rechazar. Esta institución estaba conformada por un grupo de jóvenes con fervientes aspiraciones de libertad y amor por la cultura, entre los que se encontraron los impulsores de una de las revistas más importantes de la memoria pontevedresa: Cristal. Lo cierto es que esta publicación apenas llegó a sumar un año de vida, pero sus diez números sirvieron para evidenciar la ilusión y capacidad creativa de una ciudad encandilada por el espíritu del progreso. Así, sus directores, Juan Vidal y Xosé María Álvarez Blázquez, invitaron a Lorca a impartir una conferencia sobre la pintora María Blanchard en el desaparecido cine Coliseum. 

Celestino Poza Pastrana, su compañero en la Residencia de Estudiantes

El día antes de la potencia, el grupo de intelectuales acompañó a Lorca hasta Samieria, donde, desde un mirador, el poeta contempló la inmensidad de la Ría de Pontevedra. A su regreso a la ciudad, pasearon por la Peregrina y encaminaron sus pasos hacía la Rúa García Camba, donde se ubicaba el antiguo cine Coliseum. Justo en el cruce con la Rúa Andrés Muruáis, Luciano del Río, presidente del Comité, recuerda que Lorca se cruzó con su amigo y compañero en la Residencia de Estudiantes, Celestino Poza Pastrana

Poza fue un médico muy reconocido en la ciudad de Pontevedra, trabajaba en el sanatorio que en el año 1902, su padre, Celestino Poza Cobas, abrió en la Rúa Andrés Muruais de Pontevedra. Un centro hospitalario moderno, que disponía de los últimos adelantos en medicina y electroterapias, pero también de instalaciones para llevar a cabo intervenciones quirúrgicas y hasta un ascensor. El destino quiso, así, que los dos amigos se reencontrasen. Luciano del Río reprodujo el momento el 12 de agosto de 1973, en Diario de Pontevedra. 

“Namentres chegamos, procedentes da praza da Peregrina, ao cruce de García Camba, Peregrina e Andrés Muruais, pola esquerda desta rúa subía Celestino Poza Pastrana. Ao divisarse, Lorca e Poza cruzaron rápidamente a rúa e abrazáronse con forza; ambos foran internos na Residencia de Estudiantes na rúa do Pinar. Celestino preguntou a Lorca por outros dos seus compañeiros, por Salvador Dalí, por Severo Ochoa, e creo recordar que polo poeta Gabriel Celaya. Foille contestando García Lorca lentamente dicíndolle, entre outras cousas, que Dalí andaba en Cadaqués “facendo exercícios espirituais co seu subconsciente” e debuxando cada vez con máis mestría. De Severo Ochoa anuncioulle que estaba a preparar unhas oposiciones a cátedras. “Ochoa non acaba de comprender que non ten espíritu de opositor e si de investigador. Só fóra de España chegará a ser o que realmente é”. (Severo Ochoa ganaría en 1959 el Premio Nobel de Fisiología o Medicina, y renunciaría a la nacionalidad española en oposición a la dictadura) Desperíronse e continuamos por García Camba. Contemplou o cine Coliseum onde ao día seguinte pronunciaría a súa conferencia e seguímoslle a facer preguntas e escoitándoo namentres camiñábamos”. 
cine Coliseum en Pontevedra
El cine Coliseum (en el medio de los edificios centrales) en la Rúa García Camba de Pontevedra

Por cierto, hay una divertida anécdota acerca de la figura de Celestino Poza Cobas. El médico pontevedrés no dudó en construir un túnel subterráneo , a pesar de no haber recibido licencia municipal, que uniera el sanatorio con su vivienda, ubicada justo enfrente. Solo 20 pasos separaban el lugar de trabajo de la tranquilidad de su domicilio, pero eran 20 pasos insalvables para Poza en los meses de invierno en los que le frío llegaba para importunarle. Así fue como, en secreto y durante años, caminó por su pasadizo protegido de las inclemencias meteorológicas y sin que ninguna autoridad sospechara. ¿Cómo fue posible? Seguramente el cariño que el profesaban los vecinos permitió que pudiera realizar la obra en completo silencio. La sorpresa saltó hace apenas 5 años, cuando unos trabajos de mantenimiento en la rúa Andrés Muruais dieron con el túnel secreto, llegando a maravillar a toda la ciudad.

4. Plaza de Galicia

Actualmente, la Plaza de Galicia es un rincón verde que invita al descanso. Un lugar en el que resguardarse de los intensos rayos del sol en verano, con sombras que cobijan y protegen, gracias a la frondosidad de sus árboles. Nada de esto existía en 1932. Las vías ferroviarias transcurrían entonces por este mismo escenario, el primer lugar que Lorca pisó al bajar del tren un sábado de agosto. La emoción que se vivió aquel día en la antigua estación de Pontevedra quedó patente en los escritos de personalidades como Luciano del Río, Evaristo Mosquera, Javier Andrade, Bernardo Salom, Tabucho Pintos Fonseca y Luis Poza Pastrana, a los que se sumaron los veinteañeros de la revista Cristal. Y es que no era difícil imaginar la alegría de estos jóvenes, acompañando al que ya era, indiscutiblemente, uno de los poetas más importantes de la historia de España.

La peculiar comitiva puso, entonces, rumbo hacia el Hotel Méndez Núñez, ubicado en la actual Plaza de San José (Plaza Pablo Iglesias en la República), y en cuyo desván se encontraba la sede de la Cristal. Lo cierto es que la humildad era la característica principal de aquella redacción y, avergonzados por ello, los directores pidieron disculpas al poeta granadino. Pero Lorca recordó los comienzos de su revista ‘Gallo’” (fundada en Granada, 1928), y les tranquilizó diciendo que su propia publicación “no había nacido en mejor cobijo”. 

5. Plaza de San José

hotel Méndez Núñez en Pontevedra
El antiguo hotel Méndez Núñez (edificio de la izquierda en la imagen), donde Lorca se alojó en 1932

Fue el poeta un huésped ilustre en el Hotel Méndez Núñez y, una vez acomodado tras el viaje, comenzaría la parte anecdótica más clamorosa de esta historia. Los miembros de la revista Cristal no podían sino aprovechar la presencia de Lorca en Pontevedra para solicitarle un poema. El granadino aceptó inmediatamente, pidió unas cuartillas y una mesa para escribir, y se dirigió, así, al Café Moderno. Sobre aquellas mesas marmoladas, frecuentadas por intelectuales de la talla de Castelo o Alexandre Bóveda, Lorca escribió para Pontevedra. Su soneto, ilustrado por José Luís Fuentes abrió el número seis de la revista, que hoy puede consultarse en la Biblioteca Pública Antonio Odriozola de Pontevedra. 

poema de Lorca en la revista Cristal de Pontevedra
Soneto de Federico García Lorca, publicado en el número 6 de la revista Cristal. Biblioteca Pública de Pontevedra.

Pero no fue este el único detalle que el granadino tuvo con Cristal. Lorca les cedería un poema más, inédito y titulado “Asesinato”, que se recoge en su número 7. La fiesta no terminó aquella noche envuelta en versos e ilusiones. Lorca fue invitado a un vino en la planta superior de Café Moderno, residencia de los Díaz Herrera, y allí cogió una guitarra española para dejarse llevar por la música. Se entonaron canciones andaluzas, al tiempo que el brillo de la Luna, eternamente lorquiana, se colaba por las rendijas de las ventanas. Fue una noche de noviembre de 1932. Lorca estuvo en Pontevedra. 


Si te has quedado con ganas de más, podrás descubrir otras rutas sorprendentes por la ciudad de Pontevedra en nuestro blog. Desde la iconografía griega, con Teucro como fundador de la villa, hasta un paseo por los misterios del esoterismo y las logias masónicas, ¡todo es posible en la Boa Vila!

‘Pontevedra, cidade lorquiana’

Lorca es inspiración, lucha, belleza, pasión. Para todos aquellos enamorados del poeta y deseosos de indagar un poco más en su relación con Galicia, el Museo de Pontevedra organiza, cada mes de octubre, las jornadas “Pontevedra cidade lorquiana”. Se trata de un ciclo de actividades para conmemorar el aniversario de su primera llegada a Galicia, el 25 de octubre de 1916, hace, hoy, 105 años. La asociación `Polo Correo de Vento’, que dirigen Enrique Mauricio y Carlos Taboada, es la encargada de hacer disfrutar a pequeños y mayores en torno a la poesía, a las valiosas enseñanzas que legó el escritor granadino y a la inmensa libertad y amor que siempre defendió. A Federico le maravilló Nuevo York y no fue menos Cuba, pero sí hubo una tierra que de verdad cautivó al poeta, ésa fue Galicia. Para muestra, sus “Seis poemas gallegos”. 
Pontevedra cidade lorquiana