La historia de las ruinas de Santo Domingo

Este es el relato de como la ruina se convirtió en memoria gracias al empeño y ahínco de una ciudad comprometida con la defensa de su identidad cultural. Descubre la historia de las ruinas de Santo Domingo.

El esplendor medieval de la villa de Pontevedra

La historia de las ruinas de Santo Domingo comienza en el siglo XIII. Pontevedra, entonces, era una pequeña villa medieval de gentes humildes. Su actividad económica se regía por el trabajo en el mar y el cultivo de las tierras. Poco a poco, el pujante puerto de la ciudad comenzó a ganar envergadura, y las ferias y mercados terminaron por favorecer el crecimiento de la población y el asentamiento de nuevos vecinos. Entre estos, se encontraron los dominicios.

Los religiosos se instalaron fuera del reciento fortificado que protegía a la ciudad, en el arrabal de A Moureira, pero terminaron por trasladarse, tres años después, a su actual ubicación. Dieron nombre a la puerta más importante de la muralla -la de Santo Domingo– y se pudieron manos a la obra para la construcción de su templo en el año 1304. Sin embargo, la historia de las ruinas de Santo Domingo que hoy conocemos, poco o nada tienen que ver con las de este primitivo santuario; pues, los restos que se conservan pertenecen a una reforma posterior, de 1380, que no terminó de ejecutarse hasta bien entrado el siglo XV.

Historia ruinas de Santo Domingo
Actualmente solo se conserva la sala capitular, en la imagen, la cabecera de cinco ábsides y parte del muro sur.

Desamortización: la historia de Santo Domingo pega un vuelco

El convento de Santo Domingo fue el cenobio más importante de la orden religiosa en Galicia. Así lo refleja su cabecera de cinco ábsides, única de estas dimensiones en todo el Estado. El esplendoroso templo gótico contaba con una nave cubierta con techos de madera y ábsides enlazadas en bóvedas de crucería.

Como siempre ocurre, el inexorable paso del tiempo hizo que la nave gótica comenzara a deteriorarse. En 1819, los monjes se plantearán la renovación de su estructura, ya que se encontraban en muy mal estado de conservación. La reforma pasa por convertir Santo Domingo en un nuevo templo de estilo neoclásico, pero llega la desamortización de Mendizábal (1835) y todos los planes se van al traste.

Los religiosos se vieron obligados a abandonar el convento, que fue entregado a la Junta de Enajenación de Edificios y Efectos de los Conventos Suprimidos. Con la aplicación de la ley de exclaustración, pasa, en 1840, a ser propiedad del Ayuntamiento de Pontevedra, que lo convertirá en cárcel u hospicio, según las épocas. Incluso, se llegaron a utilizar sus sillares para el pavimento de calles. 

Lo que estaba sucediendo en Pontevedra era una auténtica aberración. Hoy en día cualquiera pondría el grito en el cielo ante lo que se considera un delito contra el patrimonio histórico. Pero aún estaba por llegar la peor parte de la tragedia.

Casto Sampedro. El héroe que evitó la demolición

Casto Sampedro en las ruinas de Santo Domingo

Después de haber dejado que el convento se transformara en ruina, el Concello tomó la decisión más drástica. En junio de 1880 aprobó su demolición  y, si esta actuación no se llevó a cabo, fue por falta de presupuesto. Lo volverá a intentar en 1889, ya con una partida presupuestaria específica, pero, está vez, será la reacción social del pueblo la que salve a las ruinas.

Si hoy podemos contar la historia de las ruinas de Santo Domingo es gracias a Casto Sampedro. Él fue el fundador de la Sociedad Arqueológica de Pontevedra que, con ahínco, luchó por conseguir la declaración del convento como Monumento Nacional en 1885, el primero de la provincia. 

Sampedro no dudó ni ni un segundo en la importancia de este hecho para Pontevedra. Que las ruinas se mantuvieran en pie, que se cuidaran y protegieran, significaba el nacimiento de un patrimonio común, significaba el origen de una memoria colectiva, que ya nunca permitiría olvidar el pasado. Por ello, quiso ir más allá y abrir la puerta a una institución que tutelara, protegiera y divulgara entre la ciudanía, la riqueza monumental de Pontevedra. Las ruinas pasaron de pavimentar calles a convertirse en la sede de la Sociedad Arqueológica y, más tarde, en Museo.

La historia de Santo Domingo tuvo final feliz.

Las ruinas del Convento de Santo Domingo se transformaron en la primera sede del Museo Provincial de Pontevedra en 1927. Sus muros semejan expositores de diferentes objetos arqueológicos, principalmente escudos heráldicos, estelas romanas y capiteles visigóticos. También,  se pueden visitar las tumbas de personajes primordiales en la historia de la ciudad, como la de Tristán de Montenegro, un auténtico héroe para Pontevedra.


Por aquí os os dejo un paseo por la arquitectura barroca de Pontevedra o, si preferís, una infografía con los edificios más importantes del arquitecto Sesmero.