¿Cuál es la historia de Villa Pilar?

En medio de un paisaje cosmopolita y rodeada de altos edificios, una mansión sorprende a vecinos y visitantes. Su arriesgado estilo Art Nouveau la envuelve en un aura de belleza y misterio, que contrasta, radicalmente, con la morfología de la ciudad contemporánea. Es como mirar hacia el pasado. Descubre la historia de Villa Pilar.

Villa Pilar lleva 117 años impasible al paso del tiempo, acaparando, época tras época, la atención de aquel que pasa por la Rúa Marqués de Riestra. Su monumental estructura se impone como símbolo de riqueza y éxito, como un reflejo sincero de la fortuna que su propietario, Manuel Martínez Bautista, consiguió a base de trabajo. El precio de esta casa indiana supera el monetario: es es el costo del desarraigo, del abandono de la propia tierra para buscar y encontrar suerte al otro lado del atlántico.

Emigrar sin nada, para volver con todo

Manuel Martínez Bautista fue el propietario de Villa Pilar
Manuel Martínez Bautista. Revista gráfica Vida Gallega

Manuel Martínez Bautista nació en la Boa Vila, en 1823. Hijo de la pontevedresa Juana Bautista Lubiáns y de Rosendo Martínez Pazos, vecino de Tenorio, fue el segundo de nueve hermanos. En 1840, cuando contaba con 17 años, sus padres lo embarcaron rumbo a La Habana, llevando consigo una carta de recomendación como única garantía de futuro.

Sus hermanos Gabriel, Juan y Bernardo, pronto seguirían sus pasos; siendo, el último de ellos, el promotor del edificio que hoy ocupa el Café Moderno de Pontevedra (en el portal aún pueden leerse sus  iniciales BM).  Cuenta el historiador Xosé Fortes que Manuel Bautista fundó en La Habana una fábrica de vajillas llamada ‘La Joven América‘, y, con este negocio,  pudo ir ahorrando el dinero suficiente para costearse un traslado a Nueva York. 

No llegaría, como se suele decir, por la puerta de atrás a la Gran Manzana, sino que abriría un pequeño negocio de banca en el número 10 de Wall Street. ¡Ahí es nada! De hecho, Manuel llegó a comprar acciones de empresas tales como el ferrocarril de Illinois. Pero aquí no termina su particular sueño americano. Tras la muerte de su hermano Juan, que trabajaba en la misma ciudad como corredor de bolsa, Manuel queda a cargo de la gestión de su ingente fortuna.

El retorno a Pontevedra

Lo cierto es que las pérdidas familiares fueron indeseablemente constantes en la familia Martínez Bautista. Otro de sus hermanos, Gabriel, fallecería soltero en Cuba y legaría todo su patrimonio a Manuel. El migrante retornaría en las temporadas estivales a Pontevedra, y el dinero que podía intuirse en su abultada billetera lo empleó en construirse una vivienda. Alquiló, con esa intención, un solar en los terrenos recientemente expropiados por el Ayuntamiento y adquiridos por subasta a los dominicos (actualmente en la Rúa Marqués de Riestra), y donde a finales del siglo XIX se celebraban las ferias de ganado de Pontevedra. 

La obra se llevó a cabo al tiempo que desde el Concello se trabajaba en el acondicionamiento de una zona verde, denominada los Jardines de Vincenti, que embellecieron con diversas especies vegetales, como palmeras y magnolios, el entorno de la villa. Probablemente, durante esta época, la zona era la milla de oro de la ciudad; pues las clases bajas se concentraban en el arrabal de A Moureira, los comerciantes en el casco antiguo y la burguesía y los empresarios en el eje Michelena-Riestra. 

Jardines de Vincenti en Pontevedra
Jardines de Vincenti
Jardines de Vincenti en el entorno de Villa Pilar
Jardines de Vincenti

La historia de Villa Pilar oculta un misterio

Martínez Bautista encargaría el proyecto de obra al arquitecto Antonio Crespo, pero los anteproyectos que se conservan no se asemejan al resultado final. En la idea de Crespo, Villa Pilar contaría con una amplia galería hacia el entorno natural de los Jardines de Vincenti, que ocuparía por completo el solar. Todo parece indicar que a Manuel no le convenció el diseño y prefirió dotar a su villa con un pequeño jardín. El edificio cuenta con semisótano, tres plantas y una buhardilla destinada a acoger las dependencias del servicio.

Villa Pilar en Pontevedra
Parte posterior de Villa Pilar, con su pequeño jardín
Balcones de hormigón de Villa Pilar en Pontevedra
Balcones de hormigón de Villa Pilar

Una de las peculiaridades más reseñables del palacete está en sus balcones, hechos por entero de hormigón. Este material era totalmente inédito en la época y, aunque hoy en día está denostado, a finales del siglo XIX constituía un claro ejemplo de avance y poder. En su interior puede contemplarse hasta tres salones nobles, para acoger bailes y fiestas, con acabados de madera y una impresionante escalinata central de mármol de Carrara, uno de los más lujosos del mundo.

Pero… ¿quién es la mujer que da nombre a la villa? 

Al fallecer Manuel Martínez Bautista sin descendientes, la propiedad quedó legada a su sobrino Ramiro Trapote Martínez, que trabajaba como ingeniero en Nueva York. De sus manos pasaría a su hija Pilar Pardo Trapote y, a partir de entonces, la mansión pasaría a ser popularmente conocida como Villa Pilar. 

Avanzando en los años y la historia, la propiedad quedaría a cargo de los tres hijos de doña Pilar: Lino, Néstor y Ana Martín Pardo. Los herederos siguen ocupando hoy en día la vivienda, aunque en la segunda planta se ubicó el Colegio de Arquitectos de Pontevedra; adquirido a la familia en 1982. 

En octubre de 2015 el arquitecto Mauro Lomba convierte la primera planta de Villa Pilar en su estudio, y concede una parte de este solemne lugar al arte, la literatura y la música, en todas sus facetas. Nace el espacio Nemonon; una sala multidisciplinar, y escenario abierto, que abraza talento y pasión creativa. Puedes acudir a una exposición, a la presentación de un libro e incluso a algún showcooking, mientras eres testigo de este gran icono del arte ecléctico. 

Villa Pilar en Pontevedra

Descubre la historia de otros increíbles elementos patrimoniales que ver en Pontevedra en nuestro blog. Además del eclecticismo, destacan las formas suntuosas del arte barroco, que encuentran en los pazos urbanos un motivo de esplendor.